En el 2000, el gobierno federal inauguró
Villa Ocaranza, una clínica especializada en atención psiquiátrica creada en
Pachuca, Hidalgo, ante la urgente necesidad de atender a la salud mental. Desde
entonces, el llamado “Modelo Hidalgo” ha sido estudiado y reproducido en
distintas entidades del país, como base para programas que buscan ofrecer
alternativas para personas con trastornos originados por enfermedad o adicción
a las drogas y alcohol.
Uno de los puntos clave del programa
Villa Ocaranza es la reintegración social de los pacientes, misma que han
logrado al enseñar distintos oficios que, de la mano con terapias físicas,
psicológicas y de salud, permiten que las personas logren, en cierta medida,
volver a valerse por sí mismas.
Frente al incremento en la venta, consumo
y adicción a drogas como el cristal en estados como Aguascalientes,
especialistas en el tema urgen a que se tomen medidas como aquellas, pues
adictos que finalizan tratamientos de rehabilitación de hospitales
psiquiátricos suelen terminar en un “limbo” sin atención por parte del Estado y
terminan siendo una carga para sus familiares.
Alejandra Victoria García es la médico
responsable del Centro de Atención para la Rehabilitación de Adicciones
(CAPRA), dentro del Hospital de Psiquiatría Dr. Gustavo León Mojica García, a
unos minutos de la ciudad de Aguascalientes. En la constante entrada y salida
de pacientes sin la certeza de ser independientes, la especialista vislumbra un
grave problema a futuro.
“En Aguascalientes no existe la estructura
en donde a los pacientes se les pueda dar este tipo de rehabilitación, en donde
se les pueda enseñar algún tipo de oficio para lograr una reinserción social en
donde pudieran ayudar en las labores del hogar o tener un trabajo que les pueda
retribuir módicas, pero significativas cantidades, por lo menos para su
autocuidado o medicamentos”, advierte la especialista.
Alejandra Victoria visitó Villa Ocaranza
muchas veces, con la intención de estudiar el modelo y detectar qué podría
implementarse en la entidad, pues se había dado a conocer que se realizaría
algo parecido en Aguascalientes. Pero ese momento nunca llegó.
“Supongo que fue por problemas
administrativos o económicos, solo sé que hasta los planos ya se tenían (y)
simplemente no pasó”, cuenta en entrevista a Newsweek Aguascalientes.
Y es que esa falta de infraestructura
limita la labor que se realiza en CAPRA, puesto que por medidas oficiales,
solamente ofrecen rehabilitación a mayores de edad.
“No hay un lugar específico para atender
adolescentes y el consumo de estas sustancias está creciendo de forma alarmante
en menores, pero no hay en dónde atenderlos porque este hospital es exclusivo
de adultos y de acuerdo a la norma mexicana no se puede mezclar a adolescentes
con adultos”.
¿Por
qué consumimos?
Fisiológicamente, una de las principales
razones por las que una persona consume drogas es la búsqueda de la sensación
de placer y bienestar que provocan, gracias a que sus principales efectos son
la producción de dopamina y otras sustancias químicas en el cerebro
Por ejemplo, cuando se consume cristal
por primera vez se tiene una sensación de placer, se incrementan los ánimos y
se siente más energía. Es tan gratificante que las personas le atribuyen
efectos positivos y tienden a creer que pueden controlar su consumo.
“Desgraciadamente, como esta sensación es
muy breve, hace que quieran volver a consumir y es ahí donde se genera la
adicción. Además, el cristal es uno de los productos químicos más adictivos a
nivel cerebral”, advierte García.
A este problema se le suma que cerca del
90 por ciento de los pacientes que se atienden en CAPRA son poliadictos; es
decir, consumen de forma desmedida más de una sustancia tóxica a la vez. La
gran mayoría de los adictos al cristal tiene problemas de alcoholismo.
Durante muchos años, las investigaciones
sobre adicción a las drogas se concentraron en factores medioambientales como
activadores de consumo de drogas: hogares problemáticos, bajo nivel
socioeconómico, bajo rendimiento escolar.
Actualmente existe la epigenética, una
rama de la medicina que estudia cómo los genes, dependiendo del ambiente
celular en el que se desarrollan y junto con la herencia genética de la
persona, resultan factores determinantes para el posible desarrollo de hábitos
como las adicciones.
“Esto nos dice que si, por ejemplo,
alguno de nuestros padres fue alcohólico y nos desarrollamos en ambientes
dañinos y peligrosos, las probabilidades de consumir y resultar adictos a
drogas o alcohol, son considerablemente altas”, explica la especialista de
CAPRA.
Tratamiento
CAPRA ofrece dos tipos de servicios para
adictos: desintoxicación y rehabilitación. En la primera se realiza una
valoración médica para intervenirlos en urgencias. Su duración promedio es de
72 horas, pero varía dependiendo del tipo de sustancia que consumió y en qué
cantidad, el tiempo que lleva ingiriendola y si el paciente tiene otros males
como diabetes, hipertensión o males hepáticos.
La rehabilitación es una opción que se
ofrece solo a pacientes que la piden de forma voluntaria. Este tratamiento dura
56 días y en él los adictos pasan por una serie de actividades para mejorar el
rendimiento físico y mental, como yoga, terapia individual y de grupo, así como
pláticas con Alcohólicos Anónimos.
A pesar de las terapias, el deterioro que
provocan las drogas hace que 70 por ciento de los pacientes que pasan por
rehabilitación reincidan en el consumo.
“Hay pacientes que se van y al mes
vuelven a regresar. Aquí son muchos los factores: uno es la poca información
del daño a la salud que provocan las adicciones y es que forma parte de esta
adicción el que no sepan que esto es una enfermedad y que necesitan ayuda
médica”, señala la médico.
Las afectaciones cerebrales son las más
graves, pues aun cuando la persona supera su adicción, termina con alteraciones
casi siempre irreversibles.
Victoria García reconoce que el número de
pacientes adictos a esta droga ha crecido de forma alarmante. Además, se ha
detectado que el consumo de drogas inicia cada vez en edades más tempranas.
“Hemos tenido pacientes aquí que empiezan
a consumir desde los 13, 14 años. El cristal va deteriorando al paciente,
ocasionando daños en el proceso cognitivo del cerebro, encargado de nuestro
aprendizaje y cómo el mismo cerebro procesa y utiliza toda esa información, ahí
es en donde se altera este mecanismo, por eso son pacientes que resultan con un
deterioro importante en la concentración, atención y memoria”, detalla.
En promedio, CAPRA atiende a 50 pacientes
cada mes, de los cuales 80 por ciento son hombres y personas de bajos recursos
económicos. Sin embargo, las adicciones surgen en todas clases sociales.
“A lo mejor no nos damos cuenta porque de
seguro tienen recursos económicos para atenderse en otros lugares”, considera
la especialista.
Al momento en que Newsweek Aguascalientes
realizó la entrevista, el Centro atendía a 20 personas en rehabilitación, cinco
de ellas por adicción al cristal.