“El amor siempre será una revelación de uno mismo”

Cuando te hablen de amor, la novela más reciente de la escritora mexicana Mónica Lavín, relata las venturas y desventuras de Maya, una joven capitalina que, a punto de casarse y mudarse de país, se debate entre sus corazonadas y reflexiones acerca de si el amor dura o no para siempre. En las correrías que significa la preparación de su boda, que avizora majestuosa, conoce a Eugenia, con quien posteriormente se descubre capaz de revelar dos caras muy diferentes que desembocan en un conocimiento pleno: saber que la posibilidad del amor está llena de imperfecciones.

Publicada por editorial Planeta, Cuando te hablen de amor se caracteriza, también, por la peculiaridad de poseer un título que es de sobra conocido por una gran parte del público mexicano. “Es un título comprometedor. Qué acertada es esa frase de José Alfredo Jiménez”, dice Lavín en charla con Newsweek en Español. “Cuando te hablan de amor y de ilusiones la cosa te compromete, nos compromete. Qué vamos a hacer, tiene sus riesgos: el amor siempre nos pone en un mundo raro”.

Hace un tiempo, en los círculos de la autora comenzaron a haber bodas y más bodas de las jóvenes amigas y conocidas de sus hijas. De esta manera, cuenta Lavín respecto a la construcción de la novela, “empecé a poner atención a las conversaciones de la generación de veintitantos o 30 años sobre la pareja, sobre la vida, sobre cómo la están diseñando. Escucho, me intriga, me interesa, porque es otro momento, no el mío. Por eso en la novela quise poner a examen el momento que les toca a los jóvenes cuando tienen que decidir formar o no una pareja”.


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Y la conclusión es que el amor está en descrédito: “Pero el amor en pareja o la durabilidad, porque venimos de la comprobación de que no es para siempre y es muy imperfecto”. Por ese motivo, en la novela recorre la imperfección del amor y la necesidad de este a pesar de todo y de que, “cuando uno se compromete, quién sabe qué tantas cosas puedan pasar, pues el riesgo y la posibilidad maravillosa que significa conocer la capacidad de amar solo los puedes conocer si te comprometes”.

Nacida en la Ciudad de México hace 62 años, Lavín es autora de dos decenas de obras literarias que incluyen novelas, cuentos y ensayos, algunas de las cuales le han merecido reconocimientos y premios como el Narrativa de Colima, el Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska y el Nacional de Literatura Gilberto Owen. Actualmente conduce el programa de televisión Contraseñas, en el cual entrevista a figuras literarias, y pertenece al Sistema Nacional de Creadores.

—Mónica, ¿qué clase de lector podría sentirse atraído por una novela como esta?

—Toda clase de lector que viva historias ordinarias. Ese lector se encontrará con asuntos que lo atañen porque quién no ha tomado una decisión, quién no tiene una vida en pareja, quién no ha sentido el dolor del amor. O quién no conoce la vileza y quién no quiere desentrañar por qué alguien ha tenido una conducta vil y de secretos. Ese lector se va a encontrar en la novela con un secreto que de alguna manera revela otra cara de la conducta amorosa.


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—¿Cómo percibes que han evolucionado los ritos del amor a través de las generaciones?

—Los ritos siempre nos han acompañado. Hemos buscado darles sentido, o tenían sentido y ya no lo tienen. Yo vengo de la generación en donde descreíamos de la escenificación de la boda, lo que importaba era el compromiso, qué importaba esa gran puesta en escena con sus formas un tanto cursis. Yo vengo del cuestionamiento, del descrédito, y lo que veo es que se ha retomado el asunto de la boda para una generación que no cree tanto en el funcionamiento de la pareja, pero que vive de las formas y de las apariencias y del mundo de la imagen y de la pasarela que se ha vuelto la vida con toda su velocidad.

“Sin embargo, creo que no es nada más una respuesta banal lo de hacer la gran boda. Tiene que ver con una búsqueda de momentos significativos como consecuencia de esta velocidad, de estos encuentros y desencuentros, de este mundo donde ya no te encuentras físicamente con la gente, ni te vas a comer, ni a conversar con ella, sino que todo ocurre rápido y en un escenario virtual”.

—¿Hasta qué grado el amor se ha vuelto una utopía, un sentimiento digamos insoportable?

—Yo creo que en gran medida. Un sentimiento insoportable porque el amor duele, pese a que vivimos en un mundo de confort, de aviones, donde puedes acallar los ruidos, donde puedes usar toda clase de pastillas para no sentir, aunque, paradójicamente, quieres no sentir, pero quieres sentir. Esta conexión de la experiencia real con el interior siempre es riesgosa, no sabes cómo vas a salir. Es como leer un libro: tampoco sabes cómo te va a ir, si te va a aburrir, si te va a marcar, si no lo vas a soportar. El amor siempre va a ser una revelación de uno mismo porque es un espejo. El otro siempre es la parte espejo y no sabemos qué vamos a perder y ganar porque creemos que el amor es un estado de pérdidas y ganancias.


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—El amor es una cosa esplendorosa, según parece concluir la protagonista de tu novela…

—No sé bien qué es el amor, no quiero ni siquiera definirlo. En eso estamos todo el tiempo y por eso escribimos estas novelas y leemos y cantamos y nos relacionamos. Pero creo que es la búsqueda de un estado, de una compañía profunda, de un arropo, de un cobijo en este sentido de protección, y también de un reto y de un experimento permanente de crecimiento y de conocer más de uno mismo a través de otro y de prueba de generosidad, de qué tanto puede dar uno y dónde está el límite de uno respecto al otro. Eso es algo que no acabamos de descubrir nunca. Esta noción de conocer al otro es infinita.

“Yo lo que quisiera es que esta novela ofreciera una conversación al lector consigo mismo y con los demás —finaliza Lavín—. Además de eso, que hubiera una aceptación de nuestra imperfección. O sea, vivimos en un mundo donde lo que queremos son cinco estrellitas, un me gusta, un like. Pero no es así. Somos muy imperfectos, sin embargo, nuestros equívocos nos pueden hacer mejores. En fin, se trata de una aceptación de la imperfección en esta utopía amorosa que queremos construir”.


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