Tragedia con carga genética

No sintió la diabetes hasta que el dolor en el meñique del pie izquierdo fue demasiado intenso. Llevaba unos 20 años con la enfermedad y no había hecho nada para cuidarse. Ahora, a sus 57 años, aquella extremidad presentaba un tono rojizo morado, y el panorama no podía ser alentador. El dolor era tan insoportable que casi sintió alivio cuando se lo amputaron. No había más opción, la infección podía llegar a crecer y afectar el pie o la pierna completa. ¿Qué tanto es un meñique? Pero la enfermedad no había terminado. La infección siguió con el cuarto dedo del pie, luego el siguiente y el siguiente. Todos fueron amputados, tan solo quedaba intacto el pulgar. Seis años después el daño lo visitó de nuevo. Se formó una ampolla y tuvieron que operarlo para limpiar, así perdió su último dedo en el proceso. Sus cinco compañeros de vida, víctimas de una enfermedad que afecta a uno de cada diez mexicanos.

Jaime ahora se inyecta insulina, tiene una dieta estricta, todos los días revisa sus pies y ya no puede caminar como antes.

El caso de Catalina es muy similar. Todo comenzó con un viaje a las playas de Acapulco. Antes de partir a vacacionar decidió ir al doctor para verificar que la molestia que sentía en el dedo meñique del pie no fuera grave o empeorara con la arena. El viaje se canceló y descubrió que padecía diabetes. La enfermedad había alterado sus niveles de azúcar años atrás, cuando estuvo embarazada de su única hija, pero parecía haberla abandonado después del parto. Casi sin titubear, el doctor particular al que visitó le amputó el dedo. Cuando el siguiente dedo corrió peligro, ella optó por una segunda opinión. “¿Por qué lo cortaron?”, preguntó alarmada la nueva doctora, pues consideraba que el primer dedo se pudo salvar. Aunque le amputaron el otro, corrió con suerte.

Las amputaciones por pie diabético son la primera causa de amputación no traumática en el mundo. Se puede llegar a amputar todo el pie o la pierna hasta la cadera, explica el doctor Roberto Carlos Rebollar González, especialista en cirugía laparoscópica, quien dedica su carrera a salvar las extremidades de las personas con diabetes. “En Estados Unidos cada siete minutos se amputa una pierna por diabetes. Mientras que, en el mundo, cada 20 segundos se amputa una pierna, a ese grado. Hablando de México, en 2012 salió publicada la Encuesta Nacional de Salud, que es algo de lo más preciso que tenemos, donde se demuestra que 50 por ciento de la población diabética en México tiene alguna manifestación de pie diabético. Cinco por ciento de esa población diabética ha sufrido algún tipo de amputación”, explica.


50 por ciento de la población diabética en México tiene
alguna manifestación de pie diabético. FOTO: ADOBE STOCK

CORTAR ES FÁCIL

La amputación es la primera opción de muchos hospitales, sobre todo públicos, explica el médico. Tal y como ocurrió con el caso de Catalina, cuando había forma de prevenirlo.

“Es lo más barato para el hospital, lo más rápido y lo que menos riesgo tiene. Una cirugía de pie para salvamento tiene un riesgo de fracaso quirúrgico, que puede ser de 40 hasta 60 por ciento, es un porcentaje alto”, señala Rebollar. “Sin embargo, si a mí me preguntas: ‘Oye, te voy a hacer esto y te voy a salvar el pie’, adelante. Tiene riesgo de fracaso, pero vamos a intentarlo. Lo prefiero a que yo te diga: ‘Te corto arriba de la rodilla, con esto eliminamos la infección’; sí, pero ya no vas a tener la pierna”. El hospital se ahorra la molestia, pero quien paga es el paciente. “Una prótesis, en promedio, hoy cuesta alrededor de 80,000 pesos. Obviamente tu actividad física va a ser menor y tal vez laboral o económica también”, agrega el doctor.

Esta es una de las consecuencias más devastadoras de la diabetes. El doctor explica con una analogía: “Imagínate que tú tienes azúcar y la tiras. Inmediatamente las hormiguitas llegan. Es exactamente lo que pasa en el pie diabético: te entra una bacteria y tienes exceso de glucosa en tu cuerpo, haz de cuenta que estás llamando a más bacterias. Eso hace que las infecciones en el pie diabético sean superagresivas”.

Aunque este tipo de infecciones se pueden dar desde los brazos, hasta el tórax o el abdomen, es más común que sea en los pies debido a que cargan con el peso del cuerpo y la circulación no es tan amplia. Tan sencillo como que un golpe o una piedra en el zapato pueden alterar los males de una persona diabética de manera radical.

“El pie se puede lastimar de dos maneras”, explica el doctor respecto a los dos tipos de pie diabético: el vascular y neuropático.

“Uno (el primero), cuando hay alteración en la circulación, las arterias se van tapando poco a poco y al no correr sangre con oxígeno y nutrimentos, se va muriendo. Mientras que, en caso neuropático, los nervios que transmiten la sensibilidad y que controlan las funciones motoras se van alterando. Tú puedes tener diabetes y tener una neuropatía en la planta, que se va a manifestar como dolor, entumecimiento, pérdida de la sensibilidad y llegar a hacerte un trauma, enterrarte un clavo, un vidrio y no darte cuenta. Una piedra en el calzado te puede lastimar. Esto te va a condicionar a tener una infección”. Ello da paso a una úlcera, que es la causante del 80 por ciento de los amputados.

MALOS HÁBITOS

El doctor describe el panorama nacional como “de miedo”. “Actualmente un poco más del 9 por ciento de la población mexicana padece diabetes. Comparado con cifras anteriores, en 2014 era 6 por ciento, estamos hablando de que en tan solo cinco años ha incrementado una parte muy importante. Significa que, grosso modo, uno de cada diez habitantes de México es diabético. Esto va muy de la mano con que somos el primer lugar en obesidad en el mundo, tanto en adultos como en niños. De los pacientes obesos, 40 por ciento llegan a padecer diabetes”.

La comida chatarra, el azúcar y los carbohidratos son, a su modo de ver, los principales culpables de esta situación. Pero el problema es mucho más profundo, incluso antiguo. “Es la carga genética que venimos heredando de nuestros antepasados”, señala. “Nuestra alimentación con base en el maíz. Desde antes de la Conquista, nuestros antepasados tenían una ingesta alta de carbohidratos por medio del maíz. ¿Por qué antes no se enfermaban tanto? Porque no eran tan sedentarios como hoy”.


“Cuando llevan un
buen plan de alimentación, podríamos decir que 90 por ciento de los pacientes
con diabetes mejoran sus niveles de glucosa”. FOTO: ADOBE STOCK

La doctora Gladis Güitrón Rocha, nutrióloga especialista en obesidad, coincide en este punto, pero va más allá. “El tipo de alimentación y los hábitos que tenemos. Esto es lo que hace al mexicano llegar a los niveles de obesidad en los que ahorita nos encontramos. El mal hábito de alimentación, tener malas elecciones de alimentos y preferir, sobre todos los otros grupos, los carbohidratos. Sobre todo, los simples: azúcares y harinas. Estos dos son lo que más ingiere el mexicano y en mayor cantidad y frecuencia”.

¿Pero, por qué tomamos estas decisiones? “Es lo que tenemos a la mano, es lo más barato y porque los carbohidratos son adictivos. Tú vas a la tiendita y ¿qué agarras? Papas, galletas, refrescos, jugos embotellados, cacahuates japoneses. Tenemos todo en la calle, en las esquinas, ahí está la señora de los tamales, ahí venden los chilaquiles. En cada esquina hay tortillerías, tacos. Estamos acostumbrados a acompañar los alimentos de un carbohidrato. Si no es arroz es tortilla o es pan”.

Según explica la doctora, una persona adulta debería consumir entre 1,500 y 1,700 calorías por día. El promedio está en 2,500, es decir, cerca de 800 calorías extra.

Costumbres, economía y bombardeo de publicidad parecen ser las tres grandes razones. Los alimentos con hormonas o genéticamente alterados, que según la doctora hoy son la mayoría, no tienen repercusión alguna en el peso de las personas. “Aquí influye también un poquito la economía. Compras más tortillas, más pan, más arroz, porque, si no, dicen: ‘No me lleno’. Si yo como carne, verduras y una tortilla, no me lleno, tengo que comer más tortillas”.

Pero Güitrón considera que, si aprendiéramos a tomar mejores decisiones, nuestra economía no se afectaría en lo más mínimo.

Mercados ambulantes y ciertos cortes de carne, cita la nutrióloga como opciones para tener una alimentación más saludable.

A su modo de ver, en un hogar mexicano siempre hay huevo, pollo y alguna verdura, se trata de reducir cosas como el arroz, el pan y las tortillas. “No suprimirlas, pero sí bajar la cantidad”. Esto incluso podría hacer más barata la despensa. “En donde gastamos es en el chocomilk, el gansito, las papas, ese tipo de alimentos”, explica.

Se trata de comidas que nos enfrentan ante el mayor reto: la descomunal mercadotecnia, que va enfocada sobre todo a los niños. No podemos salir a la calle sin ver alguna imagen de Sabritas, gigantescas fotografías alteradas de la nueva hamburguesa de McDonald’s, ofreciendo el respectivo juguete en su “cajita feliz”, o los vasos de Carl’s Jr. con imágenes de la Liga de la Justica que disfrazan de manera atractiva las enormes cantidades de azúcar que contienen.

“Todo es una cuestión de mercadología”, comenta la doctora. “Todo es marketing al final. ¿Cómo lo puedes evitar? Yo les digo: si quieres comer una pizza, una hamburguesa con papas fritas, hazlo una vez cada 15 días. No te prives, porque lo prohibido es lo que más se antoja. Cómelo y no lo agrandes. Vamos al cine y por tres pesos más nos dan un refresco más grande, unas palomas más grandes, ¿para qué? Le está haciendo daño a tu cuerpo. Mucho es de conciencia, de decir: ‘Ok, me lo puedo comer, ya me comí una hamburguesa, mañana como bien, desayuno bien, ceno igual’. Deja los tacos para el fin de semana, deja las hamburguesas para el fin de semana, cada 15 días. No lo hagas seguido, porque la frecuencia en la ingesta de alimentos poco nutritivos es lo que nos lleva a un alza de peso”.


México es el primer lugar en obesidad en el mundo. De los
pacientes obesos, 40 por ciento llegan a padecer diabetes. FOTO: Moisés
Pablo/CUARTOSCURO

EPIDEMIA TÓXICA

Catalina perdió dos dedos. Cambió su dieta y pensó que lo tenía todo bajo control. Luego de seis meses, de hecho, la herida cicatrizó perfectamente, y aunque en un principio tenía que hacerse curaciones, utilizaba un zapato con una suela gruesa especial, pomadas y no podía bañarse en regadera. Estos cuidados hicieron que el pie mejorara.

El problema de la diabetes entonces llegó a sus ojos. Empezó a ver borroso, no distinguía las imágenes de su celular, ni de su computadora y, posteriormente, no podía saber qué persona estaba frente a ella, a no ser por su voz. Los rostros de los demás se volvieron una mancha. La retina de su ojo derecho se estaba desprendiendo y tuvo que operarse. Aunque se recuperó relativamente y ya puede distinguir a las personas, no puede usar la computadora, ni leer el periódico. Para verificar que sus pies siguen en buen estado, requiere de los ojos de su marido. Depende casi al 100 por ciento de otra persona. Se volvió más sedentaria y casi no sale de día, pues el sol la lastima.

“La diabetes te puede ocasionar complicaciones en todo tu cuerpo porque es una enfermedad sistémica”, explica el Dr. Rebollar. “La azúcar tóxica va a lastimar varios órganos, incluyendo cerebro, ojo, tubo digestivo, riñones, corazón, arterias, nervios, y puede tener repercusión en las extremidades. La gama de complicaciones es demasiado amplia, desde el simple hecho de tener un descontrol de tu glucosa, te va a llevar a que tengas una diminución de tus defensas. El paciente diabético tiene mayor predisposición a ciertas enfermedades y a que sean más complicadas”.

El médico lo vive en su lucha constante por salvar los pies de las personas en las complicadas operaciones como las que tuvo Catalina, para evitar que la vida de los pacientes tome un giro tan radical. El lento tratamiento se vuelve incluso un problema económico. “En Estados Unidos te sale más caro salvar una pierna que tratar cáncer de colón, cáncer de pulmón, de próstata, de mama y leucemia. Es más caro que las enfermedades oncológicas catastróficas. En México el sistema que implementamos nosotros es más económico, pero, aun así sigue teniendo un costo mayor que otras enfermedades”.

Lo más triste del asunto es que la diabetes parece no detenerse en su incesante avanzar, como una plaga por el mundo.

Hasta 2016, los países con mayores indicios de la enfermedad son, en este orden: China, India, Estados Unidos, Brasil, Rusia, México, Indonesia, Egipto, Japón y Bangladés. Por si fuera poco, cada vez afecta a personas más jóvenes.

“Anteriormente la clasificábamos como una diabetes juvenil y la diabetes tipo 2 de los adultos. Actualmente muchos niños están debutando con diabetes tipo 2, que es la incapacidad de la insulina para metabolizar los carbohidratos. Mientras que la diabetes tipo 1, como se le conocía, si bien es cierto que existe todavía, ocupa un campo mucho menor. Hace diez años, la diabetes tipo 2 prácticamente era exclusiva de los adultos, hoy no”, advierte el Dr. Rebollar.

“Hasta hace diez años, veías que llegaban pacientes con pie diabético complicado de los 55 años para arriba”, platica. “Pero ¿qué está pasando en los últimos cinco años? Y te lo digo por experiencia propia, los pacientes que estamos atendiendo son mucho más jóvenes. A partir de 25 años llegan pacientes que están incluso perdiendo la extremidad por un pie diabético complicado”.

PREVENIR PARA NO LAMENTAR

Según explican los dos médicos, la prevención es el mejor remedio para ponerle fin a la epidemia.

“El mejor tratamiento que existe para las complicaciones de la diabetes y de la misma diabetes en sí es la prevención”, asegura el Dr. Rebollar. “En general, pero particularmente en México, la población somos muy desidiosa. No tenemos la cultura de la prevención. Si tú preguntas quién realmente se hace estudios rutinarios de manera constante, anualmente o acude a revisión con un médico, prácticamente nadie. En México se ejerce una medicina curativa, ¿qué significa? Que tengo la enfermedad, acudo a revisión y a que me curen”.

Existen muchos síntomas que dejamos pasar. Según el médico deberíamos acudir cada año a revisión general, tomar en cuenta signos de alarma y hacer algo al respecto antes de que la situación empeore, incluso cuando nuestra familia ya tiene una predisposición genética. En casos así, se necesita cambiar las cosas desde pequeños.

“Desde niños les estamos dando una ingesta alta de carbohidratos o de azúcares. Tal vez en este momento no se van a volver diabéticos, porque su órgano, el páncreas, está nuevo prácticamente y su capacidad de controlar ese exceso de glucosa es bueno. ¿Pero qué va a pasar cuando tenga 30 años o 40 años? Va a fracasar y es cuando viene la diabetes. La alimentación es muy importante y, sobre todo, también la actividad física que desarrollan los niños. Actualmente es muy difícil encontrar un niño en el parque o jugando alguna actividad. Es más fácil que lo encuentres en su casa, sentado viendo televisión, con el iPad, con el teléfono”.

La gente sabe qué comer, pero se deben cambiar los hábitos que cargamos a cuestas. Tradiciones y costumbres. Así lo explica la Dra. Güitrón: “Hoy la mayoría de las personas sabemos qué sí comer y qué no. Sabemos que una concha no es tan saludable, sabemos que un refresco no es tan saludable, que ponerle tres cucharadas de azúcar al café tampoco. Sí sabemos, lo que nos hace falta es ponerlo en práctica, ser conscientes, estar ahí. Y si tú lo haces día tras día, va a llegar un momento en el que ya no lo vas a necesitar pensar, que son elecciones como hoy elijes qué ropa ponerte, qué zapatos ponerte, cómo te vas a peinar. Esos son hábitos, se vuelven hábitos. Aquí el punto es tener constancia en la selección de alimentos”.

La diabetes no se puede curar, pero se puede impedir que crezca de la manera alarmante en la que se ve hoy. La comida es casi un ritual social en la cultura de todo ser humano, pero antes de llevarse algo al organismo, se necesita saber que, más que un placer momentáneo, es una necesidad fisiológica.

Hay muchas campañas al respecto, la información está ahí, pero, en opinión de la doctora, no se toma en cuenta con la seriedad que debería. “Cuando llevan un buen plan de alimentación, yo creo que podríamos estar diciendo que un 90 por ciento de estos pacientes con diabetes mejoran sus niveles de glucosa”, asegura.

Catalina y Jaime lo ven reflejado en su cotidianidad. Faltan hoy pequeñas partes de su cuerpo y su vida ya no es igual. Pero luego de sus experiencias, piensan dos veces antes de comer algo. Conocen las consecuencias de la diabetes y están obligados a regir su vida en torno a ellas.