Mark Cuban flirtea flagrantemente con la idea de postularse a la presidencia de Estados Unidos en 2020, por lo que le pregunté si un gran impulso de su decisión podría ser que el país necesita desesperadamente una dirigencia con conocimiento tecnológico. “Sí”, respondió el empresario y dueño de un equipo de la NBA en un correo electrónico. “La falta de entendimiento en tecnología de la administración actual pone a nuestro país en riesgo de un daño impensable”.
¡Caracoles! Y henos aquí distraídos con las preocupaciones de que el Pequeño Hombre Cohete pudiera lanzar un arma nuclear sobre Los Ángeles y probablemente golpear Bakersfield en su lugar. Claramente, la alarma tecnológica que Cuban hace sonar es algo que necesitamos desempacar.
Antes que nada, Estados Unidos sufre de la mayor brecha en su historia entre la tecnología y lo que los líderes de la nación saben de tecnología. El presidente tiene 71 años y piensa que Twitter es milagroso. No usa una computadora y no distinguiría Slack de Spanx. Ha equiparado el hackeo sofisticado con la capacidad de su hijo menor de descifrar la contraseña de control parental en una computadora casera. Niega el cambio climático y preferiría salvar empleos de carbón que invertir en energía solar. Básicamente, Donald Trump no ha hecho nada que sugiera que alguna vez abrazará una innovadora solución tecnológica para un problema mundial apremiante.
El Congreso no es mucho mejor. La edad promedio de los senadores estadounidenses es de 61.8 años, entre los más viejos de la historia. De los 435 miembros de la Cámara de Representantes y 100 senadores, solo ocho han trabajado como ingenieros, seis como ejecutivos desoftware y tres como capitalistas de riesgo. Ninguna de las otras carreras previas a la política sugeriría un entendimiento real de la inteligencia artificial (IA) o cadenas de bloques. Según este conteo, el Capitolio tiene más exagentes de seguros (21) que extecnólogos (17).
Al mismo tiempo, los 83 millones demillennials de Estados Unidos, ahora con edades de entre 17 y 35 años, saben todo de tecnología. Abrazan los bots conversacionales impulsados por inteligencia artificial y ven transmisiones de video en línea en vez de la televisión. Alrededor de 83 por ciento de ellos duerme con sus teléfonos celulares. Para este grupo, la tecnología es tan indispensable como la ropa interior, y nos están llevando a una época de cambios enormes impulsados por la I, cadenas de bloques, impresión en 3-D y una serie de otras invenciones emergentes. Los empleos, la guerra, el transporte, el dinero, la identidad nacional… la tecnología está cambiando todo eso. No podría haber algo más loco al momento que elegir otra tanda de tontos en tecnología para puestos nacionales.

DÉFICIT GENERACIONAL: Losmillennials saben cuán central es la tecnología en toda parte de nuestras vidas y futuro, pero ¿lo saben los líderes políticos, que en su mayoría son ancianos? FOTO: ROBERT ALEXANDER/GETTY
A eso quiere llegar Cuban. Mucha gente lo conoce como la estrella del programa de telerrealidadShark Tank o como el ampuloso dueño de Los Mavericks de Dallas de la NBA. Pero lo conocí por primera vez en 1999, cuando él dirigía una de las primeras compañías de transmisión de medios, Broadcast.com, la cual vendió a Yahoo ese año por 5,700 millones de dólares. En los años que han pasado desde entonces, he hablado con Cuban sobre sus inversiones en tecnología, que van desde la aplicación Cyber Dust que hace desaparecer textos, hasta los asientos de inodoro electrónicos de Brondell. A los 59 años no es unmillennial, pero califica como tecnólogo multimillonario.
El empresario dice que la ofensa más peligrosa de nuestros líderes es su incapacidad de reconocer la profunda importancia de la inteligencia artificial. “Si miras a Rusia y China, ambas están apalancando la inversión gubernamental y privada para tratar de dominar la IA”, dice. Ambas naciones, agrega, creen que dominar la IA es el camino a la condición de superpotencia mundial en este siglo. Pero la administración de Trump y el Congreso han hecho poco para promover o invertir en esta clase de investigación. Más bien, Trump desdeña la ciencia a la manera en que los niños desprecian los vegetales.
Cuban cree que Estados Unidos necesita una misión nacional de inteligencia artificial que recuerde a la carrera espacial de la década de 1960. “Tenemos que ganar esta batalla, o ya no seremos la nación más poderosa del mundo”, me dice. “La IA estará en la base de toda amenaza de guerra o terrorismo que enfrentemos los próximos 50 años por lo menos. No podemos perder esta guerra”. Ese es el “daño impensable” antes mencionado.
En tantísimos otros asuntos, la dirigencia de la nación está atascada en el pensamiento del siglo XX cuando necesitamos innovación del siglo XXI. ¿Inmigración y terrorismo? “La idea de poner el muro [en la frontera con México] es una de las más tontas que he oído en toda mi vida”, dijo Cuban este mes en un evento llamado el Borde de Texas. Llamó al muro “la solución menos tecnológica que es la más fácil de descifrar”. Amenazas más serias a la seguridad vendrán a través de la fibra óptica y la computación en la nube: los ataques cibernéticos pueden dañar la infraestructura, robar información crucial o bombardear al público estadounidense con noticias falsas. “Estoy más preocupado por los bytes que por las balas”, dice Cuban.
¿La atención a la salud? La batalla en Washington es por los seguros: Obamacare, Medicare. Los seguros son una solución del siglo pasado al problema de los costos disparados en la atención a la salud. Pero la industria tecnológica sabe que la IA, los grandes datos, el “internet de las cosas” y la genómica podrían reducir radicalmente el costo de la atención a la salud a la par que la mejora y hace más personal. Exactamente cero líderes nacionales están enfocados en adoptar esta solución.
El transporte en la próxima década se hará eléctrico en grande, seguido por la llegada de autos y camiones de automanejo. Es difícil imaginar cuán enorme será ese cambio. Tendremos que repensar la energía, los mapas, los viajes al trabajo, los estacionamientos, la ubicación exacta de todo McDonald’s y 7-Eleven. Será el cambio más grande desde la década de 1950, cuando el sistema de autopistas interestatales rehízo el paisaje. Los legisladores chinos parecen estar planeando un futuro del transporte radicalmente diferente. Los líderes de Estados Unidos parecen esperar que el futuro se marchite y muera. Trump recientemente insinuó un plan de eliminar los créditos fiscales a los autos eléctricos. Si se implementara, obstaculizaría el empuje de los fabricantes estadounidenses de autos de hacerse eléctricos, dejándolos detrás del resto del mundo.
Cuban dice que sus posibilidades de llegar a la presidencia son solo del 10 por ciento, pero tiene a Steve Bannon en su esquina. (¿Bueno o malo? Bannon niega el cambio climático, pero le preocupan los sueños de China en IA.) Pero no necesitamos que Cuban arregle el vacío de liderazgo en Estados Unidos. La industria tecnológica está llena de líderes brillantes y carismáticos que podrían entrar en la política, gente como Tim Cook, director ejecutivo de Apple, o Sheryl Sandberg, de Facebook. Entre los políticos reales, el senador Mark Warner, de Virginia, quien ha encabezado el cuestionamiento congresista a Facebook, Google y Twitter por la interferencia rusa en la elección de 2016, hizo una fortuna invirtiendo en compañías de tecnología móvil antes de postularse al cargo.
El sector tecnológico estadounidense desde hace mucho ha desdeñado la política, usualmente creyendo que es más fácil cambiar el mundo consoftware que con políticas. Pero ahora, en la era de Trump, más les vale dar un paso adelante, o terminaremos como una vieja nación pintoresca sirviendo a los dioses chinos de la IA y vitoreando a los Tigres Sureños de Guangdong en cuanto la Asociación China de Baloncesto rebase a la NBA como la liga de baloncesto más rica del mundo.
Oh. Tal vez ese es el daño que Cuban llama impensable.
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Publicado en cooperación conNewsweek / Published in cooperation withNewsweek