No se trata de una escena tomada de Blade Runner 2049; esto podría ocurrir antes de que expire tu membresía de Bumble. Varias tecnologías se conjuntan para producir una verdadera innovación en los condones, por primera vez desde que Youngs Rubber Co. empezó a fabricar los preservativos Trojan, en la década de 1920. Toda esta innovación presiona con fuerza a los organismos de regulación que no pueden ponerse al corriente con la ciencia, pero es algo que se ve venir. La incipiente revolución de los condones encaja perfectamente en la forma en que la tecnología está modificando radicalmente la economía global. La computación en la nube, los teléfonos móviles, la inteligencia artificial y la impresión en 3-D impulsan una tendencia que el capitalista de riesgo Hemant Taneja y yo llamamos “desescalamiento” en nuestro libro titulado Unscaled (Desescalado), a publicarse en marzo próximo.
En el siglo XX, la tecnología de producción masiva dominaba, y los negocios buscaban economías de escala, aumentando su tamaño y fabricando el mismo producto para tantas personas como fuera posible. En este siglo, la tecnología permite la personalización masiva. Las empresas buscarán cada vez más crear un producto altamente personalizado para cada persona individual, lo opuesto a un producto producido en masa para un mercado masivo. Donde las economías de escala solían triunfar, en los años venideros estas “economías desescaladas” serán las que dominen.
Podemos ver un resultado temprano de esta tendencia en una empresa llamada One, que recientemente comenzó a vender el condón MyOne en 60 tamaños distintos, basados en las medidas de longitud y circunferencia. Como se señala en el sitio web de la empresa: los pantalones vienen en una amplia variedad de medidas, entonces, ¿por qué los condones no habrían de hacerlo? Sin embargo, hasta ahora los condones se venden en apenas un par de tamaños: regular y grande. (¿Quién compraría un condón etiquetado como “pequeño”?) Tenemos opciones limitadas debido a que la economía funciona mejor si una sola línea de fabricación produce millones de ejemplares del mismo objeto. Además, los condones se consideran dispositivos médicos, lo que lleva a los reguladores a crear estándares y procesos de prueba que no pueden cambiarse fácilmente.
“Existen laboratorios de prueba en todo el mundo que han invertido en equipos muy costosos”, me dice Davin Wedel, director ejecutivo de One. En una de las pruebas, se llena el condón con un volumen específico de agua para ver si tiene fugas, pero un condón más pequeño y sin fallas estallaría simplemente porque no puede alojar tanta agua. Wedel trabajó durante años con la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos para desarrollar pruebas más útiles para distintos tamaños. “Eso es lo que nos ha impedido entrar en el mercado”, dice.
Mientras tanto, One inventó nuevas máquinas altamente automatizadas que pueden fabricar todos los distintos tamaños de condón. De forma igualmente importante, la internet y la nube dieron a la compañía una forma de llegar a los consumidores. Wedel explica que sería imposible convencer a las tiendas minoristas de colocar 60 tamaños de condones en su limitado espacio de anaqueles. También sería un desafío proporcionar a los hombres una forma de medirse sus partes mientras están en un Walmart. En el sitio web de One se presentan instrucciones para ayudar a los hombres a encontrar su talla, las cuales pueden seguirse en privado. (“Es aquí donde vendría bien una buena revista, película o amigo deseoso de ayudar”, se señala en las instrucciones.)
Es un pequeño paso hacia el desescalamiento de la industria de los condones del siglo pasado, y es probable que la tecnología logre hacer mucho más.
La impresión 3-D ha tenido un desarrollo lento, y las impresoras domésticas prácticas parecen un tema de ciencia ficción. Pero el próximo gran salto se producirá en la fabricación de lotes pequeños. En lugar de construir una línea de ensamblado, imagínate a una empresa como One llenando un piso de fabricación con impresoras 3-D, cada una de ellas capaz de producir rápidamente un condón de cualquier tamaño sobre demanda. Una vez que esto ocurra, una empresa podría esperar a recibir tu pedido, imprimir y enviarte tus condones hechos a la medida. Dado que las impresoras 3-D no ocupan mucho espacio, una empresa podría establecer fábricas de condones a pequeña escala en todas las ciudades. Si la entrega de pedidos mediante drones se vuelve una realidad, tu pedido de condones podría ser fabricado y depositado en tu jardín en apenas un par de horas.
Para que esto suceda, los materiales deberán cambiar. No es probable que alguna impresora 3-D pueda trabajar con látex. Pero científicos de todo el mundo están diseñando condones de hidrogel. El hidrogel es ese material blanducho que se utiliza para fabricar lentes de contacto suaves. Otros grupos, como el de la Universidad de Mánchester, en Inglaterra, trabajan con condones hechos de grafeno, un nanomaterial con base de carbono. Es posible que las impresoras 3-D puedan usar hidrogeles o grafeno para producir condones impecables y confiables.
En octubre pasado, Sony presentó su teléfono inteligente Xperia XZ1, que incluye uno de los escáneres 3-D más avanzados hasta el momento. Si lo mueves alrededor de cualquier objeto, el software crea una imagen en 3-D totalmente definida que puede ser animada para incorporarla en juegos de video. Con unos cuantos fragmentos de código, podría crearse una tecnología como esa para medir y crear una imagen real en 3-D de cualquier tipo de órgano. Esto podría causar algunos problemas si acaba en manos de maniático sexuales como Anthony Weiner, pero podría mandar mediciones perfectas a una 3-D para personalizar un condón.
Aunque podría tomar toda una década, las impresoras efectivas en 3-D se abrirán paso hasta nuestros hogares. Si la FDA puede averiguar cómo hacer frente a las regulaciones, veremos el nacimiento del condón “justo a tiempo”. En otras palabras, el desescalamiento significa que podrás tener un condón para toda ocasión concebible.