La última vez que Janette Layne vio a su marido con vida fue en enero de 2008, cuando el sargento Eric Layne dormitaba en el sofá con el televisor encendido. Debido a sus crecientes arranques de ira y paranoia desde que regresó de Irak, los psiquiatras de dos hospitales del Departamento de Asuntos de los Veteranos (VA) le habían recetado dosis cada vez más altas de un coctel farmacológico para tratar el trastorno de estrés postraumático (TEPT), incluyendo el potente antipsicótico Seroquel (quetiapina). Si bien la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA) no lo ha autorizado para usos “no indicados”, el Seroquel es uno de los fármacos más recetados de su clase, y en el periodo de mayor prescripción generó más de 5,000 millones de dólares al fabricante, AstraZeneca, pese a efectos secundarios que abarcan desde diabetes hasta paro cardiaco súbito.
Eric solía quejarse de jaquecas y temblores —síntomas que el personal del VA ignoró—, al tiempo que aumentaba de peso, tenía problemas respiratorios y estaba tan sedado que, a decir de Janette, se había convertido en un “zombi”. Dos semanas después de volver a casa tras un programa hospitalario para el TEPT, en el cual aumentaron la medicación, Eric murió. “Todos esos doctores y especialistas nos dijeron que estaba bien”, recuerda Janette. “Confiamos en los médicos”.
Los críticos del sistema del Departamento de Asuntos de los Veteranos calculan que más de 400 veteranos de combate y demás personal militar han muerto, repentinamente, a resultas del abuso de “cocteles” para el TEPT. Y esas muertes no son monitoreadas ni estudiadas de manera sistemática. Las contadas pesquisas militares y del VA sobre este tema han atribuido las defunciones misteriosas a suicidios y a causas naturales, o bien, en algunos casos, a una “toxicidad farmacológica” inexplicable.
Durante los mismos años post-11/9 en que ocurrió el incremento de prescripciones antipsicóticas en el VA, se puso en marcha una iniciativa para reducir la indicación en pacientes con TEPT tratados con benzodiacepinas potencialmente adictivas, como Klonopin, Xanax y Restoril (clonazepam, alprazolam y temazepam, respectivamente). Sin embargo, el departamento permitió que el uso del Seroquel aumentara más de 770 por ciento entre 2001 y 2010, aun cuando la cifra de pacientes se elevó apenas 34 por ciento, según informó Associated Press.
Entre 2001 y el primer semestre de 2015, el VA gastó más de 1,800 millones de dólares en los dos antipsicóticos más recetados para el TEPT, Risperdal (risperidona) y Seroquel, a pesar de que nunca demostraron su eficacia y de que la FDA no las había autorizado para tratar el trastorno. Y el Seroquel persiste como el antipsicótico más utilizado en el sistema del VA, con casi 800,000 recetas anuales.
Según hallazgos del Departamento de Justicia, cuando llegó a un arreglo de 520 millones con AstraZeneca, en 2010, toda la comercialización del Seroquel para usos “no indicados” ha seguido aplicándose. El medicamento aún no está indicado para el TEPT, ansiedad, insomnio y depresión en jóvenes, pero casi nadie en el VA parece prestar atención. Como dijo un psiquiatra del hospital del VA de Huntingon, entrevistado para este reportaje: “Las farmacéuticas promueven sus nuevos medicamentos para todo, desde alopecia hasta hemorroides y lumbago”.
Pero semejante promoción ignora los datos clínicos. “La evidencia de usar antipsicóticos con pacientes de trastorno de estrés postraumático no es muy buena, y los efectos colaterales potenciales pueden ser mortales”, afirma el Dr. J. Douglas Bremner, director de la Unidad de Investigación en Neurociencias Clínicas en la Escuela de Medicina de la Universidad de Emory.
Parte de la renuencia del VA para frenar el uso no indicado y peligroso de los antipsicóticos se remonta al “código”, aunque también a la influencia indebida de la industria farmacéutica. Algunos de los primeros trabajos que impulsaron la prescripción del Seroquel para veteranos se deben al Dr. Mark Hamner, el director de investigación farmacológica en el Centro Médico Ralph H. Johnson del VA en Charleston, Carolina del Sur, quien, con el apoyo de AstraZeneca, realizó una serie de estudios que respaldaron al fármaco y que, no obstante, permanecieron inéditos durante mucho tiempo.
Al parecer, AstraZeneca quedó tan complacido con el trabajo de Hamner que fundó directamente o sirvió como “colaborador” del Departamento de Asuntos de los Veteranos en dos estudios de 12 semanas que utilizaron el Seroquel para tratar los síntomas de TEPT. Durante casi una década o más, los resultados de dichas investigaciones solo fueron conocidos por Hamner y, presuntamente, por AstraZeneca. El general brigadier retirado, Dr. Stephen Xenakis, investigador pionero del TEPT, quien revisó los estudios de Hamner paraNewsweek, cree saber por qué no fueron publicados en mucho tiempo: “Es claro que AstraZeneca demoró la publicación porque los datos, en general, son endebles”. Hamner negó que sus nexos con la compañía tuvieran relación con la demora para publicar los estudios.
La industria farmacéutica y funcionarios del VA han mantenido a los veteranos y a sus familias en la ignorancia de los numerosos peligros que representan estos medicamentos antipsicóticos. El Seroquel y otros fármacos pueden inducir paro cardiaco súbito, el cual, aunque es un efecto colateral raro, causa muerte cerebral en menos de cinco minutos. Desde la década de 1990, más de cien estudios han identificado los antipsicóticos atípicos como la clase de sustancias que ofrecen el mayor riesgo de inducir una forma de arritmia especialmente peligrosa. El Dr. Fred Baughman, neurólogo retirado californiano, quien lanzó una campaña para dar la alarma sobre muertes relacionadas con el Seroquel en Virginia Occidental, fue muy franco en sus numerosos boletines de prensa y cartas dirigidas a revistas médicas, al extremo de afirmar, en 2008: “Hay una epidemia de muerte súbita en las fuerzas armadas de Estados Unidos”.
Su determinación para descubrir lo que causaba las muertes por medicamentos no encontró eco en la Oficina del Inspector General del VA, la cual concluyó que el Seroquel y los otros antipsicóticos de primera línea no tuvieron relación con el paro cardiaco súbito que resultó en el fallecimiento de Eric Layne. Sin embargo, toda la indagación del inspector general pasó por alto las investigaciones médicas más relevantes, así como los lineamientos de prescripción que el VA estableció en 2004. “Decidieron ignorar el consenso médico”, acusa Baughman, refiriéndose al informe del inspector general.
Agrega que el indicio más revelador de un encubrimiento es que no mencionaron la revisión más completa disponible en ese momento: publicada varios meses antes del informe del inspector general, en la revistaExpert Opinion on Drug Safety. “Pasar por alto ese artículo me pareció un acto de omisión deliberada”, prosigue, y señala que dicha revisión fue citada ampliamente en la literatura médica. Xenakis, el expsiquiatra del Ejército, comenta con la misma franqueza: “Seleccionaron minuciosamente los estudios”. La Oficina del Inspector General del VA se negó a revelar los lineamientos médicos o las investigaciones científicas que revisaron antes de publicar su informe.
Casi una década después de que el inspector general ignorara los riesgos cardiacos del fármaco, la nueva Iniciativa de Seguridad para Fármacos Psicotrópicos del VA, que imita parcialmente su campaña sobre opiáceos, aún no señala el riesgo cardiaco del Seroquel, el antipsicótico más recetado por la dependencia. “Es escandaloso”, dice Xenakis, acerca de la omisión. “La gente habla de reformas en el VA, pero este tipo de cosas realmente exponen lo mucho que debemos cambiar las prácticas más básicas, la cultura y las actitudes”.
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Publicado en cooperación conNewsweek / Published in cooperation withNewsweek