¿Mnuchin imposible?

STEVEN MNUCHIN está acostumbrado a las críticas. Por años fue conocido como “el rey de las ejecuciones hipotecarias” en Wall Street, donde amasó una fortuna calculada en 300 millones de dólares; mucho de ello beneficiándose de la Gran Recesión (después del hecho). Pero en agosto, pocos días después del mitin fatal en Charlottesville, Virginia, Mnuchin —secretario del Tesoro de Estados Unidos— enfrentó una presión sin precedentes de una fuente inverosímil: sualma mater, la Universidad de Yale. El presidente Donald Trump había equiparado a los extremistas racistas blandiendo antorchas tikis en un mitin con quienes se presentaron para protestar contra aquellos. Y un grupo de 300 exalumnos de Yale le pidieron al secretario del Tesoro, quien es judío, que renunciara. “Eres mejor que esto”, escribieron. ¿La respuesta de Mnuchin? Defendió a Trump en términos elogiosos, y prometió quedarse y “reformar los impuestos”.

La lucha por cambiar el código fiscal es el problema más grande que enfrenta el Congreso, y posiblemente defina la carrera en Washington del hombre de 54 años. Mnuchin es el líder de la administración en lo que se ha convertido en un asunto que se debe ganar para el presidente. Trump asumió el cargo con una Cámara de Representantes y un Senado controlados por los republicanos, pero ha fracasado en persuadir al Congreso de aprobar cualquier cosa excepto por una embarazosamente pequeña cantidad de confirmaciones y medidas temporales de gastos. Así, ahora recae en Mnuchin, quien se ha paseado por el circuito noticioso dominical, no solo defender el plan tributario sino —porque la lealtad es tan importante para Trump— defender los comentarios del presidente con respecto a que jugadores de la NFL se arrodillen durante el himno nacional. “Es casi como si él fuera el ventrílocuo y el muñeco al mismo tiempo”, amonestó Trevor Noah, deThe Daily Show.

Mnuchin ha sido optimista con respecto a aprobar el plan rudimentario para eliminar deducciones y reducir las tasas tributarias con la esperanza de estimular el crecimiento económico. Pero cambiar el código fiscal es una de las cosas más difíciles de hacer en Washington, y esta administración ha fracasado en tareas menos arduas, como repeler el Obamacare. Cambiar el sistema fiscal implica compensaciones enormes, y siempre vas a fastidiar a un grupo poderoso u otro, desde los cabilderos de bienes raíces hasta los jubilados.

Considere a Tom Reed, un popular congresista republicano del norte del estado de Nueva York. Está en el poderoso Comité de Modos y Medios de la Cámara de Representantes, el cual escribe las leyes fiscales. Cuando habló conNewsweek a principios de octubre, se había reunido con el secretario del Tesoro, y le impresionaron sus habilidades para negociar. Pero como muchos legisladores, el congresista está ansioso por proteger las deducciones que son importantes para sus votantes, como aquellas para impuestos estatales y locales que han sido seleccionadas para su eliminación en la propuesta. Entonces, si Mnuchin no puede hallar una manera de compensar suficientes de aquellas, Reed y otros podrían oponerse.

Sin embargo, hay un precedente para que Mnuchin tenga éxito. En 1986, James Baker, secretario del Tesoro de Reagan, encabezó una enorme revisión fiscal a través del Congreso. No solo fue aprobada con una amplia mayoría, sino que recortó tasas y eliminó deducciones. Baker proveyó toneladas de detalles al Congreso sobre lo que quería en el plan. Él estuvo presente cuando el Comité de Modos y Medios hizo anotaciones al proyecto de ley.

Es casi seguro que Mnuchin no se involucrará a ese grado. Y el secretario del Tesoro arranca desde una posición más débil que Baker. En 1984, Reagan ganó la elección más desbalanceada en la historia estadounidense. Una de sus promesas era cambiar el código fiscal, y aun así a Baker y su predecesor, Donald Reagan, les tomó dos años obtener el proyecto de ley que querían. Trump ganó por un margen estrecho y es impopular. Él no se postuló prometiendo reescribir las leyes fiscales, y a Mnuchin solo le han dado unos pocos meses para pasar algo viable.

Otra desventaja que tiene Mnuchin: su propuesta fiscal es más difícil de vender que la de Baker. El plan de 1986 recortó las tasas para individuos, pero en gran medida las aumentó a las empresas. El de Mnuchin —por lo menos según el resumen que el equipo de Trump y líderes republicanos publicaron en septiembre— está repleto de recortes de impuestos corporativos. Sus partidarios señalan que la economía mundial es mucho más competitiva de lo que era durante la era de Reagan, y con la tasa corporativa de Estados Unidos en 35 por ciento, muchas compañías se han reubicado en el extranjero o guardado dinero en oficinas extranjeras. Reducir las tasas corporativas podría ayudar al crecimiento económico general, pero seguramente será menos popular. En una encuesta reciente, solo 39 por ciento de los encuestados dijo que quería dicho recorte. Y aun cuando el plan de Mnuchin sí recorta las tasas individuales, las exenciones más grandes serán para los muy ricos, mientras que en realidad aumentará los impuestos de los estadounidenses más pobres, de 10 a 12 por ciento. Incluso Trump estaba supuestamente enojado por ello, aunque luego pareció aplacarse cuando se enteró de que la propuesta duplicaría la deducción estándar, en parte para compensar la tasa más alta.

Mnuchin tiene problemas de imagen que no ayudan a su esfuerzo fiscal. Durante el verano, su esposa tuvo que disculparse por atacar verbalmente a una mamá de Oregón, quien la criticó en Instagram por presumir sus ropas de diseñador cuando bajó de un jet financiado por los contribuyentes. Luego, se supo que un alto asistente de Mnuchin tal vez ha violado las reglas éticas del gobierno al aceptar un viaje en un avión privado de un inversionista multimillonario. Y después de la renuncia del secretario de Salud y servicios humanos Tom Price por su viaje en un chárter privado, Mnuchin supuestamente acumuló 800,000 dólares en viajes en aeronaves militares. Él también preguntó sobre usar un jet del gobierno para su luna de miel (finalmente lo pagó de su propio bolsillo). Nada de esto se ve bien para un hombre que compró al prestamista hipotecario de alto riesgo IndyMac por 1,600 millones de dólares en 2009 con un grupo de inversionistas multimillonarios, y luego lo vendió a más del doble después de beneficiarse con las ejecuciones hipotecarias y modificaciones a los préstamos.

El viaje en jet privado tampoco es el único problema de óptica del secretario del Tesoro. Mnuchin hizo carretadas de dinero en fondos de cobertura, y una cuestión sobre su plan es si revocará el vacío legal que les permite a estos fondos pagar una baja tasa de 15 por ciento por sus ingresos masivos. Durante la campaña, Trump dijo que se desharía de ello —“Los tipos de los fondos de cobertura terminan impunes de asesinato”—, pero acabar con el vacío legal no se mencionó en el resumen de Mnuchin.

Los demócratas se regodearán si la idea del equipo de Trump de “reformar” significa que los multimillonarios sean fiscalizados a tasas más bajas que sus secretarias. Y el Departamento del Tesoro de Mnuchin ha empeorado la óptica. En septiembre, retiró un estudio de su sitio web el cual mostraba que mucho del recorte fiscal corporativo terminaría beneficiando a los ricos.

Asediado por las críticas, las posibilidades del proyecto de ley no se ven buenas. Podrá pasar por la Cámara de Representantes, donde los republicanos tienen una amplia mayoría. Pero va a ser más difícil en el Senado. Rand Paul, senador republicano por Kentucky, ha atacado el resumen de Mnuchin por no recortar impuestos lo suficiente. A Bob Corker, senador republicano por Tennessee, le preocupa que aumente el déficit. Y demócratas moderados, como Joe Manchin, senador por Virginia Occidental, dice que la propuesta está demasiado inclinada a favor de los ricos.

Mnuchin podría terminar conformándose con un plan más pequeño y modesto, uno que simplemente recorte impuestos y elimine deducciones. Podría no ser la “reforma” que Trump y su secretario del Tesoro prometieron. Pero, en este momento, hacer que el Congreso apruebe algo sería una victoria para la Casa Blanca.

Publicado en cooperación conNewsweek / Published in cooperation withNewsweek